El jabalí de la avena

EL JABALÍ DE LA AVENA 

A primeros del mes de junio las siembras empezaban a estar granadas y los jabalíes acudían noche tras noche a dar buena cuenta de sus apetitosas espigas. La zona que había decidido cazar es una gran sierra de brezos, jaras y encinas con siembras de trigo, avena y centeno en los sopies, toda una bendición para los jabalíes.

Esa misma noche la luna llena iluminaba con fuerza y se veía como de día. Cené tranquilamente y cuando todos se fueron a la cama preparé las cosas, a Taco y nos fuimos a dar una vuelta.

La noche estaba muy tranquila y tenía claro a donde tenía que ir pues había visto unos días antes el daño que estaban haciendo los cochinos en una avena que iba más avanzada que el resto. La siembra no estaba demasiado alta por lo que de haber algún buen jabalí lo podría ver con facilidad.

Poco a poco llegamos al lugar elegido. Un camino llega justo hasta el borde de las siembras que quedan por debajo de este, pudiendo mirar de arriba abajo y ver lo que se mueve sin problemas. La línea de siembras estaba compuesto por centeno, en el que era imposible ver nada debido a su altura, algún trigo un poco atrasado y en el que sólo había rastros de paso y la avena en la que estaba seguro de ver alguno. Conozco bien el sitio y había  elegido un punto desde donde dominaba todas las siembras, el aire en la cara y la luna en todo lo alto, eran las 2 de la madrugada del día 03 de junio.

Con todo el equipo preparado y Taco convenientemente atado con una traílla a mi cinturón, estuve un rato escudriñando las siembras en busca de algún jabalí. De pronto y sin haberlo visto antes, veo un bulto negro, grande, enorme en mitad de la avena. Me quedé fijo en él pues estaba seguro que no estaba antes esperando algún movimiento que delatara que se trataba de un jabalí y no de un matón. Poco tardó en moverse, ¡madre mía que bicho!. El guarro avanzaba por mitad de la avena comiendo tranquilo en paralelo al monte, nos separaban 500/600 metros y en seguida me puse en marcha para acortar esa distancia.

Con mucho sigilo fui rodeando una lengua de brezos que rodeaban las siembras para tratar de cortar el paso del jabalí que andaba con calma comiendo por la avena. En la siembra había un pequeño islote de brezos y jaras que me sirvió de parapeto para avanzar pegado al monte y no ser visto por el jabalí. Poco a poco fui avanzando y recortando la distancia entre nosotros. Taco, iba a mi lado, cargándose de aire y pendiente de cualquier movimiento, temblaba de nervioso y me hacía sentir ilusionado al ver la afición que tenía con un año justo. Elegí un sitio a 50/60 metros del monte y nos paramos, preparé el rifle con la vara y me dispuse a espera a que el jabalí saliera de detrás del islote de brezos y jaras que teníamos a nuestra derecha.

Pocos minutos pasaron cuando el perro miró bruscamente a nuestra izquierda, miré hacia allí con los prismáticos y descubrí  otro buen jabalí comiendo tranquilamente. La luz de la luna se reflejaba en su pelo y parecía de color plateado, me entró la duda. El primer jabalí que había visto me había parecido bastante más grande y este sin ser ni mucho menos pequeño, no era tan grande como el otro. Nos separan a penas 40/50 metros por lo que puede juzgarlo bastante bien. Desde un primer momento me da la sensación de ser una cochina de 80/85 kg y reprimí  mis ansias de tirar pues el otro jabalí me había parecido macho a simple vista y este no creía en y lo fuera.

Pasó  un largo rato, la cochina siguía allí comiendo ajena a mi presencia y el aire siguía perfecto. Taco no paraba de mirarme una y otra vez preguntándose por qué llevamos cerca de 10 minutos mirando a ese jabalí que no se mueve sin tirarle un tiro, no para de temblar. En un último intento por buscarle algún motivo para soltarle una bala del 8×68 me vuelvo a echar los prismáticos a la cara y miro con tranquilidad al cochino. Nada, es una cochina 100%, bajo los prismáticos y me resigno a no tirar, pero al hacer un último barrido por la avena veo un bulto enorme que sale por detrás del islote de brezos y jaras en paralelo al monte en dirección a la cochina a unos 70 metros. El corazón se me acelera, vuelvo a mirar bien y este sí parece el primer jabalí que vi, grande, gordo, con la joroba característica de los grandes machos, este sí que sí. Como ya tenía el rifle apoyado en la vara, sólo tengo que quitar el seguro con el mayor de los sigilos y poner el punto rojo. El guarro anda un poco hacia nosotros para en seguida ponerse de lado. Bien apoyado espero, pues el guarro está parado y no tengo claro hacia dónde tiene la cabeza, sigue tranquilo y de pronto vuelva a avanzar, pero la siembra debería estar más alta en esa zona y dejo de verle durante unos instantes que se me hacen eternos. Sin más vuelve a aparecer en una zona menos alta de la avena, lo centro bien, aguanto la respiración y ¡PUM!. Al tiro se arma una algarabía del demonio, la cochina sale corriendo a toda velocidad y un grupo de 5/6 jabalíes pequeños que no había visto la siguen sin mirar atrás. Con el tiro, me quedo cegado durante unos segundos pero rápidamente cojo los prismáticos para mirar hacia donde estaba el jabalí. Lo veo patalear, levantando una gran polvareda y trato de no caerme al suelo de la emoción, me tiemblan las piernas y recargo el rifle por si acaso. Esperamos quietos sin movernos durante unos 10 minutos.

Al poco de tirar el pataleo del guarro cesa y empezamos a acercarnos con el aire de cara. El perro va tirando como un loco fruto de la emoción. Veinte metros antes de llegar se ve el bulto a la luz de la luna, es un guarro que pesará fácilmente 100kg, está totalmente muerto con un tiro un poco alto de codillo. Lo primero que hago es dejar a Taco que le muerda y lo hace con ganas, le arengo para que lo haga y le acaricio efusivamente. El guarro tiene una boca de miedo y me invade la alegría, menudo lance y menudo guarrazo.

Al final son las 5 de la mañana cuando llego a casa, cansado, con mucho sueño pero feliz por el gran jabalí cazado y por lo bien que se ha portado Taco, imposible mejor.

 

Taco mordiendo al jabali

  

Detalle de las navajas

   

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